En España, el estudio antes mencionado (FIS PI10/00949) mostró que los donantes renales se sienten satisfechos (9.5 sobre 10 puntos) y alegres (9.1 sobre 10 puntos) tras la donación. Previo a la donación la motivación más consistente para donar es detener el sufrimiento y ayudar a salvar la vida del receptor.
En dicho estudio, se demostró que la calidad de vida de los donantes que participaron no fue afectada por el proceso de la donación, es decir, no hay cambios al comparar antes y 1 año después de la donación, tanto en el componente físico como en el mental.
El 99% de los donantes de riñón recomienda la donación en vida a otras personas y consideran que su recuperación es completa (9.4 sobre 10 puntos).
El acto de donar un órgano en vida debe ser siempre una decisión personal, tomada por una persona adulta, autónoma, capacitada para ello y libre de cualquier presión. En ese sentido una mínima, pero no despreciable, proporción de donantes renales (2.1%) refieren haberse sentido presionados por el entorno durante el proceso de donación. Si en algún momento del proceso de estudio el donante presentara la menor duda sobre la decisión, ésta debería ser comunicada al nefrólogo o al coordinador de trasplantes quienes, bajo la debida confidencialidad, reconsiderarán la donación. El potencial donante puede, unilateral y libremente, revocar su decisión de donar en cualquier momento del proceso sin que ello le perjudique, ni afecte la situación del receptor en la lista de espera.
El 98% de los donante afirmó su convencimiento en ser de nuevo donante ante la hipotética situación de poder repetir la donación en vida, cerca de un 2% de los donantes se lamentan de su decisión tras la donación y este arrepentimiento puede deberse a múltiples factores (como por ejemplo: complicaciones en la recuperación postoperatoria), por ello es importante recordar que la donación ha de ser personal, libre y voluntaria.


